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September , 2010
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El mito del `10´aun vive

por Daniel Sanz 4 - Diciembre - 2009

foto de la we antena3noticias.com

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Cada generación tiene una fecha grabada en su memoria. La llegada del hombre a la Luna, los Juegos Olímpicos de Barcelona, los atentados de Atocha… Si hablamos de baloncesto o BA-LON-CES-TO como diría el querido Pepu, a todos se nos viene a la cabeza aquel maldito 3 de diciembre de 1989. Moría un jugador; nacía un mito.

Fernando Martín se dirigía al Palacio de los Deportes de la calle Goya a presenciar un partido del Madrid, él estaba lesionado, frente al CAI Zaragoza. Era una tarde fría y lluviosa. Como si la climatología hubiera querido avisar a Fernando, Fer o Martini, como le quieran llamar, no debió ir nunca a ver aquel partido.

Invernal y oscura tarde de diciembre

Su Lancia Thema se salió de la calzada, cruzó la mediana y se estrelló en la madrileña M-30. Las noticias no llegaban o no querían llegar. Las radios y las televisiones humeaban, los rumores se volvían certeza y la cruda realidad ganó a la esperanza de todo el mundo baloncestístico.

Con 15 años Fernando practicaba natación y balonmano. Juan de Dios Román que ya andaba por esas lares, le quería meter la pasión de este deporte. Poco le faltó pero, no se sabe si por suerte o por desgracia, acabó deleitando a todos los aficionados al baloncesto por las canchas europeas y americanas.

No era un portento del baloncesto

Nunca destacó por sus dotes para el basket. No era demasiado fuerte ni alto para la posición en la que jugaba, ni destacaba por su velocidad, ni tenía una técnica depurada. Fueron su ambición, sus ganas de superarse y su mentalidad ganadora, aquella que más de una vez le metió en un lío, lo que hizo de Fer un jugador único.

No hay que caer en el error del olvido. Una persona nunca muere si se la recuerda. Los Gasol, Calderón, Rudy y compañía no deben ignorar que un jugador de 25 años, criado en el Estu y formado en el Madrid, cogió el petate, se embarcó a Estados Unidos y se enfrentó a la soledad, al desconocimiento y al mejor baloncesto del mundo. Hakeem Olajuwon, Patrick Ewing y Karl Malone, tres mitos de este deporte, compartieron parqué con Fernando Martín. Y lo decía orgulloso. Nunca se arrepintió de aquella aventura que le devolvió a nuestro país definitivamente en 1987 con un contrato millonario de la época.

El padre de Gasol, Rudy, Calderón…

Las platas de Nantes 83 y Los Ángeles 84, esas Ligas del Palau, las Copas del rey, aquella Recopa, amigos, su hermano Antonio, sus míticos duelos con Norris, su hijo… Todo eso dejó atrás Fernando aquella aciaga tarde de diciembre.

Padre de la generación de los 80, y creador de sueños para muchos de los que hoy triunfan, Fer, entró directamente en el Olimpo de los valientes, de los triunfadores. Aun así, esas puertas celestiales debieron esperar a un mito, el del 10, que seguirá vivo para siempre.

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