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Foto tomada de la web realmadrid.com

Foto tomada de la web realmadrid.com

Curtido en las calles de Cieza, pronto destacó por ser el más rudo entre los chavales de las calles del pueblo murciano. Sin embargo, a pesar de su casta y su bravura, las categorías inferiores del Murcia desestimaron su entrada al club con tan sólo seis años por ser estrecho de torso.

No hubo tiempo para lamentaciones. En Albacete, donde la familia Camacho se mudó, es dónde el joven murciano despuntó definitivamente con el balón, lo que le valió para entrar en la cantera de la ciudad manchega.

Madrid y Barça se lo rifaron

Pronto tardaron los grandes equipos en fijarse en él. Como con otros tantos jugadores Madrid y Barcelona se disputaron a este joven murciano, que desplegaba una garra y un tesón en el campo, pocas veces visto. Finalmente fue el Madrid de la mano de Santiago Bernabéu quién trajo a José Antonio al conjunto blanco.

Empezó la temporada en el Castilla, filial del conjunto madridista, pero poco a poco se hizo con un sitio en el primer equipo. Su entrenador, Luis Molowny, no lo dudó y le puso en el once titular ante el Málaga a cinco jornadas del final de Liga. Lo más difícil ya estaba hecho. Se había consolidado en el Real Madrid.

Más de 20 meses en el dique seco

Sin embargo, la mala suerte se cebó con él. Primero en forma de grave lesión cuando vivía sus mejores años como futbolista. Rotura de ligamento cruzado y menisco. Su rodilla quedó echa añicos. La primera operación no obtuvo los resultados esperados y hubo que volver a intervenirla de nuevo. Dos años estuvo la banda izquierda del Bernabéu sin ver correr a Camacho.

El tesón, la garra y la fuerza de este futbolista hizo que, lo que para otros significaría una retirada segura, para el murciano sólo fuera un simple compás de espera. Así fue. El Ave Fénix resurgió de sus cenizas y la banda mágica del templo blanco volvió a vibrar con el de Cieza.

Sólo le faltó la Copa de Europa

Nueve Ligas, cuatro Copas del Rey, y dos Copas de la UEFA es todo lo que el murciano consiguió como futbolista. Formó un equipo de ensueño junto con Juanito, Santillana y Del Bosque. En 1989 el Bernabéu le dio una calurosa despedida. Gritos, fuerza y garra se despedían de un estadio que se había emocionado con las galopadas del murciano.

Como entrenador vivió el lado más duro del fútbol. Como seleccionador español se vio apeado del Mundial de 2002 tras un arbitraje nefasto, pero no fue lo peor. Vio como la vida de uno de sus futbolistas, el húngaro Miklos Feher, pasaba delante de sus ojos y se esfumaba cuando era entrenador del Benfica.

Tanto como jugador como entrenador ha vivido lo mejor y lo peor del fútbol en su propia carne. Sangre, sudor y lágrimas.

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