
Lograda la primera Copa de Europa, el Madrid tuvo el privilegio, como vigente campeón, de acoger la final de la segunda edición, un torneo que fue ganando en prestigio con la inclusión de cinco nuevas federaciones, destacando la participación de los campeones de Inglaterra, Checoslovaquia, Rumanía y Turquía.
El Athletic de Bilbao disputó también la máxima competición continental como campeón de España, aunque los ‘leones’ se vieron doblegados en los cuartos de final por el Manchester United, que consiguió remontar en Old Trafford el 5 a 3 logrado por los bilbaínos en San Mamés.
El tortuoso camino a la final
Por su parte, el Real Madrid comenzó la competición ante el Rapid de Viena. Los blancos a punto estuvieron de verse apeados del torneo a las primeras de cambio, pero un postrero gol de Di Stéfano dio a los merengues el pase a las semifinales, donde se verían las caras con los ‘diablos rojos’ de Manchester.
El partido de ida, disputado en Chamartín, se saldó con un resultado de 3-1 a favor de los blancos. Este resultado no amilanó a los campeones británicos que afrontaron el partido de vuelta con la intención de remontar la eliminatoria y disputar su primera final de la Copa de Europa.
Sin embargo, el Madrid afrontó el partido con una gran seriedad, yéndose al descanso con un resultado favorable de 0-2. Todo parecía decidido, pero el mítico Bobby Charlton se empeñó en dar emoción a la eliminatoria logrando empatar el encuentro. No había tiempo para más, el Madrid repetiría final.
El ‘catenaccio’ de la Fiorentina
El rival de los blancos fue la Fiorentina italiana, que planteó el partido de una forma muy rocosa, con la aspiración de forzar un partido de desempate que eliminara el factor campo, que en este caso favorecía a los madridistas.
Sin embargo, un penalti sobre Mateos mediada la segunda parte servirá para que Di Stéfano abra la lata. El meta italiano incluso llegó a rozar el balón, que sin embargo terminó colándose en la meta transalpina.
A poco del final, el incombustible Paco Gento anota el segundo gol que dará al Madrid la definitiva victoria. Los blancos, con garra, ilusión y una pizca de suerte vuelven a elevar por segunda ocasión consecutiva la recién estrenada Copa de Europa.
Miguel Muñoz vuelve a ser el encargado de levantar el preciado trofeo y los 130.000 aficionados que abarrotan Chamartín vuelven a ver a su equipo en lo más alto del continente. No sería la última vez. El dominio blanco en este torneo, creada un año antes por el empeño de Santiago Bernabéu, se prolongará durante un lustro.
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