
Foto de la web realmadrid.com
Avisó Pellegrini de la valentía con la que se enfrentaría el Madrid al todopoderoso campeón del triplete. Como una misión suicida que haría explotar hasta los cimientos del Bernabéu, el chileno dejó en el banquillo a Benzema y optó por Higuaín en la punta del ataque merengue. A más de uno en el palco le dio un sofoco al ver al francés de los 35 millones calentando banquillo. Junto a él, el olvidado Raúl. Al capitán aun le tienen miedo en Can Barça desde que les sometió con aquel sempiterno gol, mandándolos callar con el dedo índice.
Benzema al banquillo
Cristiano Ronaldo debutaba en el partido de los partidos. Quería guerra, y su compañero de fatigas por la banda, Alves, y la afición rival, estaban guerrilleros. Punteros láser, carreras desbordantes y alguna que otra tangana fueron los trofeos que se llevó el luso de su primer clásico. Eso y el fallo ante Valdés de un gol cantado. Hace menos de un año Drenthe fue crucificado por algo similar, pero Ronaldo no; por algo es Cristiano.
El centro del campo blaugrana estaba desactivado. Xavi, desaparecido todo el partido, Keita y Busquets, no encontraban la conexión fácil y rápida con la delantera azulgrana, en la que destacaba Henry. Bendito favor hizo Guardiola a su colega chileno al sacar de inicio al francés. No está en su mejor momento y parece que su etapa como jugador de fútbol está en pleno proceso de caída libre; eso sí, no le descarten para otros deportes contrarios al balompié.
Busquets y Lass, expulsados
Tan sólo cinco minutos de la segunda mitad es lo que tardó Guardiola en sustituir al francés de la mano larga por el espigado Ibrahimovic. Y el mismo tiempo tardó el sueco en marcar un golazo tras un gran pase de Alves y mandar un mensaje a Guardiola para avisarle de que él es el delantero titular. Feed-back que se llama.
El Madrid entró en una fase de querer y no poder. Tan sólo la expulsión de Busquets dio algo de esperanza al aficionado madridista, que pronto la enterró bajo tierra al ver que Cristiano salía del terreno de juego por el insulso Benzema.
El rumbo del Clásico cambió a favor de los culés, que lanzaban rápidos y precisos contraataques. En uno de ellos pudo llegar el segundo, pero Messi, próximo Balón de Oro, se tapó con Casillas, el que no es galáctico, que sólo es de Móstoles.
No dio para más el partido, solamente para ver a Lass marcharse del campo antes de que el árbitro decretara el final del partido por una patada sin sentido a Xavi. El Madrid puso las mejores jugadas, pero el Barça aprovechó su momento. Eso sí, la Liga se anima y si los blancos continúan con este nivel futbolístico, habrá guerra hasta el final.
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