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Los blancos comienzan su defensa del título contra el Besiktas turco en octavos de final, al que derrotan sin dificultad alguna, y contra el Wiener austríaco en cuartos, al que los blancos endosan un espectacular siete a uno en el Bernabéu.
Sin más, los blancos se plantan nuevamente en semifinales, donde se toparán con el primer equipo de renombre, nada menos que el vigente campeón de Liga español, el todopoderoso Atlético de Madrid.
Cuarta Copa de Europa: Una semifinal de tres partidos
El Atlético se había presentado en semifinales tras derrotar al Drumcondra de Dublín, al CDNA Sofía y al Schalke 04, demostrando que sus puntas Peiró, Vavá, Collar y Mendonça eran realmente demoledores.
El partido de ida se juega en terreno merengue. Pese al buen juego desplegado por el equipo colchonero, el resultado final será de 2 a 1, por lo que todo queda abierto de cara al decisivo choque en el Metropolitano.
Apoyados por su público, los rojiblancos no defraudan y derrotan al Madrid por 1-0 forzando un partido de desempate, ya que en aquella época no existía el valor doble de los tantos en campo contrario. Ese tercer partido se disputará en La Romareda y concluirá con victoria blanca por 2-1 gracias a un tanto de penalti de Puskas.
Cuarta Copa de Europa: De nuevo a la final
Los blancos se presentan el 3 de junio de 1959 en el Neckars-stadion de Stuttgart para disputar su cuarta final continental consecutiva. El rival no es otro que el Stade de Reims francés, un magnífico equipo que ya se vio las caras con los blancos en la primera Copa de Europa de la historia.
Nada más comenzar el partido, con apenas dos minutos disputados, el Madrid se adelanta en el marcador por medio de Mateos, que sustituía a un lesionado Puskas. Poco después, los blancos desperdician un penalti, por lo que el partido todavía sigue abierto.
El choque entra entonces en un periodo de indecisión, sobre todo por el juego intimidatorio y agresivo que imprime el Reims. Así se llega al descanso, con victoria mínima del Madrid.
Cuarta Copa de Europa: Di Stéfano sentencia
Nada más reanudarse el choque, el mejor jugador de la época homenajea a los 77.000 espectadores con una de sus habituales obras de arte. Di Stéfano engancha un impresionante cañonazo que amplía la victoria merengue.
Surge a partir de ese momento la figura de Gento, que logra un precioso tanto de falta directa que el colegiado anulará porque el lanzamiento era indirecto. Pero no importa, el choque finaliza con el resultado de 2-0. El Real Madrid, por cuarto año consecutivo, es el campeón de una monótona Copa de Europa.
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