Le decían el Brujo gallego. Amancio Amaro era, por su inverosímil capacidad de regatear rivales, uno de esos magos que se ven cada década pateando una pelota. Llegó al equipo blanco gracias al ojo augural de Santiago Bernabéu, quien una tarde dijo con firmeza: “Amancio Amaro jugará en el Real Madrid, fichadlo”, pese a que el Deportivo La Coruña pedía la entonces astronómica suma de 10 millones de pesetas y los consejeros merengues la consideraban exagerada, por no decir absurda.
Llegó a la Casa Blanca en 1962, coincidiendo con jugadores talentosísimos como Zoco, Muller y Yanko Daucik. Los éxitos le llegaron con la misma rapidez que usaba para sortear contrarios. En sus primeras siete temporadas con el Real Madrid, Amancio ganó seis Ligas, a las que posteriormente sumaría otras tres hasta llegar a las nueve que ganó en sus 14 campañas en la entidad madridista. Fue Pichichi en dos ocasiones: 1969 y 1970.
Durante su militancia en el club, Amancio formó parte del recordado equipo de los “Yé-yé” (llamado así debido a un popular estilo musical de la época… supongo). Heredó la capitanía cuando se retiró el mítico veterano Francisco Gento, junto a quien ganó la Copa de Europa en 1966, después de iniciar la remontada ante el Partizán de Belgrado.
Según muchos, Amancio ha sido el mejor futbolista gallego de todos los tiempos. Difícil refutarlo, considerando que el único equiparable fue Luis Suárez. Que el madridismo lo juzgue, al fin.
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