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Kaká con su selección (Fotografía: Reto Stauffer)

Kaká con su selección (Fotografía: Reto Stauffer)

Si recurrimos a los tópicos, nos daremos cuenta de que todos los grandes jugadores sudamericanos provienen de familias pobres. Siguiendo con los tópicos, si pensamos en un futbolista brasileño se nos viene a la cabeza mucha fiesta, el carnaval y el cumpleaños multitudinario de alguno… Bien, pues con Kaká no vamos a poder tirar de tópicos.

Ricardo Izecson Dos Santos Leite nació en Brasilia, pero desde niño vivió en Sao Paulo. De familia de clase media, comenzó a dar sus primeros pasos en el fútbol en el Sao Paulo, equipo en el que debutaría en el 2001 con 19 años. En dos temporadas en el equipo paulista logró un total de 22 goles y su fichaje por uno de los grandes del continente parecía irremediable.

Italia, primera parada

El que se lo llevó al Viejo Continente fue el A.C. Milan, que en el 2003 lo fichó por ocho millones y medio de euros. A Italia llegaba como parte de la selección carioca que había conquistado el Mundial de Japón y Korea del 2002, pero él apenas había tenido protagonismo en aquel torneo. En su primera temporada conquistó el Calcio logrando un total de 10 goles.

Su calidad no pasó desapercibida para el resto del continente y Kaká, poco a poco, se hizo con un nombre en Europa. Eso sí, el año 2007 fue el que le confirmó como una estrella mundial. Conquistó la Copa de Europa ante el Liverpool y a nivel personal recibió los galardones de FIFA World Payer, el Balón de Oro, el FIFpro como mejor jugador del mundo y el premio de futbolista del año de la revista World Soccer.

Ahora llega a Madrid para ser una de las referencias del equipo. Con el dorsal 8 a la espalda, tres años después de lo augurado, ha cristalizado la imagen que Ramón Calderón prometió en su campaña para llegar a la presidencia del equipo.

Dios por encima de todo

Al margen de lo futbolístico, hay algo que destaca en Kaká por encima de todo: su religiosidad. Pertenece a la iglesia Evangélica y siempre ha mostrado el máximo respeto a sus creencias; incluso lleva una camiseta debajo de la eslástica de su equipo con la frase: “Yo pertenezco a Jesús”.

Y la verdad es que él achaca a un milagro que hoy pueda jugar al fútbol. Con 18 años se golpeó la cabeza con el fondo de una piscina y casi se queda paralítico. Pero se recuperó, volvió a andar y fue capaz de cumplir todos los objetivos que se había propuesto después del accidente.

Casado desde el 2005 con Caroline Celico, tiene un hijo y siempre se presenta como una persona muy familiar, alejado de la imagen del futbolista brasileño al que estamos acostumbrados a ver por España.

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