Llegó el momento de creer

Foto de realmadrid.com
Las circunstancias actuales bocetan una dura prueba para el equipo blanco. Se había comenzado a tambor batiente esta nueva etapa en la historia del Real Madrid, teniendo a Pellegrini y los nuevos galácticos como protagonistas absolutos. Sin embargo, el destino parece haber jugado una mala pasada.
Cuando más parecía que todo se conjugaba para tener la mejor de las campañas, llegó la caída ante el Sevilla, y la perspectiva sobre el desempeño de los merengues se modificó rotundamente. Todas las dudas y los cuestionamientos acumulados discretamente en los partidos previos eclosionaron en dolor y orgullo herido. Sin embargo, tanto en Valdebebas, como en el corazón, llegó el momento de creer.
El llamado de un grande
Nuestro máximo rival no se tiñe de blaugrana, ni siquiera de tonos rojiblancos. Debemos aguardar con paciencia el momento del desquite ante los del Sánchez Pizjuán. Sin embargo, hoy por hoy, el enemigo a vencer es la sombra de la desconfianza. De nada vale ser el equipo de futbol más poderoso económica y deportivamente del mundo, si no se cuenta con esa seguridad de la grandeza propia.
La historia entera del Madrid es una cadena ininterrumpida de espectacularidad y hazañas gloriosas. En los ochentas por ejemplo, estando un joven y pleno Leo Beenhakker al frente de los merengues, en ese tiempo impulsados por la excelencia de la “Quinta del Buitre”, aún sufriendo duros reveses ante el Milan de Van Basten y Gullit, nunca se perdió el sentido histórico de la propia grandeza: Hugo Sánchez por el puro amor a la casaca blanca, lograba sacar, él sólo, triunfos de partidos perdidos, en instantes postreros de los cotejos, con sendos remates llenos de coraje y decisión.
Llegó el momento de querer
Todas esas anécdotas juegan cuando juega el Madrid. Cuando Cristiano Ronaldo toma el balón en la media cancha y avanza más de cuarenta metros dejando rivales en el camino para culminar una soberbia anotación con un fogonazo cruzado, no es solo el astro portugués el que lo realiza, sus botines son impulsados por el mismo virtuosismo de Zidenine Zidane, y la misma fuerza de entraña y fuego de Paco Llorente. Cuando Kaká rompe las redes con sus cañonazos de media distancia, el recuerdo de Martín Vázquez o del carioca Roberto Carlos lo hace también.
El Madrid es un fuera de serie, porque cuando juega su palmarés entero participa también, junto con la fuerza de su afición. Esa es la parte que nos corresponde, como seguidores merengues, en este momento de encrucijada. Llego el momento de creer y de querer, cuando el tiempo y la historia se tiñen de un eterno blanco.
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