Cuando llegó era un jugador apagado, un tanto apático y casi no marcaba goles; comió banca por un largo rato. Pero ahora Karim Benzema parece otro: es el máximo artillero del equipo blanco en lo que va del 2011, participa en el ataque, mete miedo a las defensa rivales y se ve comprometido con la causa. Las gradas de Chamartín no solo aplauden los goles, sino también las ganas de ganar, el espíritu. El francés ahora lo tiene y se perfila para ser el nueve permanente del equipo (¿qué será de Gonzalo Higuaín?).
Los números no mienten y dicen que, este año, Benzema ha marcado ocho tantos en Liga (solamente superado por Lionel Messi) y dos en Champions League. Bueno es que la mayoría de sus conquistas han sido vitales para sumar tres puntos, pero mejor aún es que dos de ellas fueron claves para romper la maldición de los cuartos de final. En el partido contra el Olympique de Lyon, en Francia, hizo el primer gol del Real Madrid en ese estadio. En el Santiago Bernabéu, enfrentando a ese mismo equipo, puso el segundo, el que hizo respirar a la hinchada y devolvió la seguridad a todos sus compañeros.
Por lo menos, tres factores han ¿coincidido? con la mejoría en el rendimiento de Karim Benzema. Primero: José Mourinho, un entrenador exigente que obliga a los delanteros a jugar como los defensas más adelantados. Ahí está la cuota de compromiso. Segundo: la lesión de Gonzalo Higuaín. El “pipita” era el dueño del puesto y su ausencia le ha dado oportunidades. Súmele goles. Tercero: la llegada de Emmanuel Adebayor. Aunque parezca increíble, cuando Mou los pone a jugar juntos el francés se desenvuelve mejor. La compañía le ha dado confianza.
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