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La Champions creció en cuanto a partidos a disputar. Ahora había que pasar dos fases previas para llegar a la fase del K.O directo. La primera ronda no pudo empezar mejor con dos victorias madridistas en los dos primeros encuentros, pero luego llegó el doble partido ante el Bayern de Munich, con dos derrotas y ocho! Goles en contra. La última jornada fue apasionante, con el Real Madrid clasificándose con apuros para cuartos de final al vencer en Noruega por 0-1.
Las eliminatorias de cuartos de final y semifinales fueron de lo mejor que se puede dar en el fútbol europeo, y a fe que no decepcionaron. Manchester y Bayern Munich, por este orden, fueron los rivales madrileños.
Con un juego sorprendente y atrevido, los blancos pasaron por encima a los orgullosos ingleses hasta endosarles un 0-3 en menos de 50 minutos. Luego, llegó la relajación y dos goles de los ingleses que no sirvieron para nada. Tras la victoria, nadie dudaba de que el Real Madrid estaría en la final de Paris, como así fue, aunque para ello tuviese que eliminar al terrible Bayern de Munich. Pero el Madrid quería la Octava y eso pasaba por derrotar a los alemanes. Y así lo hizo.
Final española
Ante el Valencia se vio el fruto de medio año de intenso trabajo. Esta final es el mejor ejemplo de cómo se debe jugar un partido de tanta trascendencia, es un modelo de perfección. El orden se volvió un caos en las huestes de Cúper. Pero el Valencia no jugó mal. Simplemente el Real Madrid no le dejó jugar. Uno tras otro los goles fueron cayendo como fruta madura. Primero Morientes y después McManaman marcaron los goles que fueron el preludio del tercer tanto, sensacional, marcado por Raúl quien regateó a Cañizares y marcó con la pierna derecha. Un golazo, sin duda. Un broche de oro para la primera final entre dos equipos del mismo país.
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