Hace cincuenta y cuatro años, en abril de 1955, la UEFA creaba una competición llamada Copa de Campeones de Europa para que los equipos del Viejo Continente que se alzasen con la Liga en sus respectivos países, pudiesen luchar por un cetro continental. Esa misma temporada, 16 equipos estrenarían la Copa. El representante por parte de España fue el Real Madrid.
En esos años, España vivía en plena dictadura de Franco y con los recuerdos de la Guerra Civil demasiado recientes en las calles y en los ciudadanos. De hecho, el fútbol era una de las distracciones y de las aficiones más populares. Y si había un equipo que destacaba por encima de los demás, aquel era el Real Madrid, el que formaban históricos como Di Stefano, Marquitos, Miguel Muñoz, Rial o Gento.
Invadiendo Europa
La idea de aquella competición europea había nacido en parte de la revista francesa L’Équipe, ayudados por el que era presidente del Real Madrid, Santiago Bernabeu. Cosas del destino, los dos países que la impulsaron estuvieron representados en la final.
El Real Madrid llegaba como campeón de la Liga española y con un equipo cuajado de estrellas que desplegaba un fútbol arrollador. Y así se pudo ver en su primer partido; los octavos de final ante el Servette suizo los resolvió con un global de 7-0 entre la ida y la vuelta. Ellos no lo sabían, pero habían dado el primer paso para lo que sería una conquista blanca de Europa que duraría, al menos, cinco años.
Los cuartos de final ante el Partizan de Belgrado y las semifinales ante el Milan no fueron tan sencillas, pero el Real Madrid se plantó en la final. El último partido tenía fecha y lugar: 13 de junio en el Parque de los Príncipes, en París. Y también tenía nombre para el rival: el Stade de Reims. Hoy no suena con las mismas campanillas, pero el Stade era el equipo más importante de Francia en aquella década; con un nombre se puede resumir qué se podía esperar de ese equipo: Raymond Kopa. “Napoleón” era uno de los mejores jugadores europeos y acabaría en el Real Madrid la temporada siguiente.
La gran final: lluvia de goles y el principio de una leyenda
El encuentro ante el Stade demostró que ambos equipos habían llegado hasta allí por alguna razón. De hecho, los franceses habían tenido un camino más plácido contra rivales de menor entidad que el Real Madrid. Aún así, lograron adelantarse por dos veces en el marcador. Leblond y Templin sólo tardaron diez minutos en poner el 0-2. Los blancos acortaban distancias en el minuto 14 gracias a Di Stefano y Rial, a la media hora, ponía el empate.
El Stade de Reims se había puesto por delante en la segunda parte, y esta vez era Marquitos el encargado de poner las tablas de nuevo en el marcador. El júbilo llegó en el minuto 79, cuando Rial confirmaba la remontada y lograba el que sería el definitivo 3-2.
Ante los ojos de toda Europa, el Real Madrid alzaba la primera Copa de Europa de la historia, también de la suya. Una Copa que no sería la última y que contribuyó a forjar la leyenda del equipo blanco y a que ésta se expandiese por toda Europa.
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