30 millones de euros es una cantidad de dinero que no cabe en la cabeza de una persona corriente. Al menos, en la cabeza de una persona con una vida corriente. Todo ese dinero es el esfuerzo que ha tenido que pagar el Madrid por traer a Xabi Alonso para que dirija su superproducción de esta temporada. Alonso llega cuajado al reto: con 27años (en noviembre cumplirá los 28) es la manija de la selección en los últimos tiempos y viene con la confianza de quien ha triunfado fuera (una Champions con el Liverpool). Su reto consistirá en que el equipo juega a un toque, sin pensar; la idea es que la filarmónica blanca haga correr el balón (y con él a los rivales) para que los artistas de ataque cuajen la faena con el genio y la eficacia que se les supone.
El pasado sábado, Xabi Alonso recibió una cálida ovación de la hinchada del equipo que lo alumbró en la primera división española: La Real Sociedad. Es la consecuencia natural de la simpatía que despierta un chico de la tierra, forjado en la cantera blanquiazul, que llamó la atención de los entendidos desde el principio.
Debut y consolidación
Alonso debutó a los 20 años. Desde el primer momento desplegó una electricidad especial sobre el campo. Jugaba con una elegancia natural, que le permitía combinar cambios de orientación de 40 metros con pases secos ejecutados a la velocidad del pensamiento. Con estas credenciales, Alonso se ganó a la afición de Anoeta.
Por el camino, despertó unas cuantas dudas. Se hablaba de su inconsistencia defensiva. De su irregularidad en la dirección del juego de su equipo. Y había algo de eso. Pero el tiempo demostró que eran problemas de madurez, no de fondo de talento. En la temporada 2002-03 maravilló al mundo con el subcampeonato que logró con la Real. A la temporada siguiente, el medio tolosarra fue traspasado al Liverpool a cambio de 10,5 millones de libras.
El caso es que con los ingleses tuvo una relación de éxito muy intensa desde el primer momento. Esa temporada ganó la Champions League. Y a la siguiente sumó a su palmarés la FA Cup y la Community Shield. Su capacidad expeditiva se ha incrementado en los últimos años y también ha mejorado notablemente su capacidad táctica. Eso sí, no ha declinado un ápice su elegancia en el campo, donde emplea su 1’83 para darle sentido y concierto a la pelota al primer toque.
Más peso en la selección y el Real Madrid
Por el camino, ha tenido tiempo también para ganar la Eurocopa del año pasado con la selección. El caso es que ahora se presenta su gran ocasión de consagrarse en la primera plana internacional. Para el, la aventura del Madrid es un reto, nunca un marrón. Es lo que ocurre cuando los dioses del fútbol te bendicen con tempo, eficacia y plasticidad.
Esta temporada, Alonso tendrá la mejor ocasión de su vida profesional de dar la razón a aquellos que, en uno u otro momento, le han comparado con dos vacas sagradas de la posición de mediocentro: Fernando Redondo y Josep Guardiola. Con él en el campo, la metáfora del Bernabeu como un teatro empezará a cobrar sesgo positivo y verosímil…
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