Xavi Alonso es uno de esos jugadores discretos pero imprescindibles. No es un corredor desbocado, ni resulta muy vistoso en sus actuaciones, sin embargo ocupa uno de los roles más importantes en todo equipo: sostener el mediocampo. Táctico e inteligente, el número 14 blanco lleva los tiempos del juego, sobre él orbita la construcción cuando sus compañeros atacan y la destrucción cuando defienden. Experto en abrir el juego y dar pases largos, su mayor ausencia es la suerte de gol, pese a que con disparos largos ha sorprendido a más de un arquero rival.
Alonso, de origen vasco, creció en los equipos juveniles de la Real Sociedad y logró llegar al de mayores cuando tenía 18 años. Comenzó irregularmente, pero poco a poco se hizo un lugar entre los titulares y hasta llegó a ser el capitán del equipo, uno de los más laureados cuando la Real finalizó la campaña 2002/03 como segundo en la Liga, solo dos puntos por debajo del Real Madrid.
Sus buenas actuaciones, su perfil de líder innato, lo llevaron a fichar por una de las escuadras más ganadoras de Europa: el Liverpool inglés. Con la camiseta roja, Alonso ganó una Liga de Campeones, una FA Cup y una Community Shield. Fue el eje de contención de ese “spanish Liverpool” conducido por Rafa Benítez, hasta que decidió buscar mayores retos (en algún momento el conjunto británico dejó de ser competitivo, a decir verdad) en el Real Madrid.
Titular indiscutible en el corazón blanco, Xavi Alonso es una extensión de José Mourinho en la cancha. “El Real Madrid es un equipo de niños, con Xavi Alonso de papá”, dijo alguna vez el portugués. Y así es, el que lleva la voz cantante (o la que regaña).
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